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Diego Argote

 

"La tristeza es política"

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Pudahuel, RM, 1991.
Fotógrafe y artista visual seropositive. Docente del Instituto de Arte y Comunicación Arcos, Chile. Docente del taller de artes del programa 4 a 7 del Servicio Nacional de la Mujer y Equidad de Género (SernamEG) dirigido a niñas, niñes y niños del Colegio Albert Einstein de la comuna de Pudahuel, Santiago, Chile.
Trabaja con madres y vecinas de la comuna de Pudahuel, Santiago, Chile. Para un desarrollo en derechos integrales y colectivos entre mujeres y disidencias. Apela a las memorias y cuerpas sexo disidentes latinoamericanas, periféricas y transfeminista. Plantea como punto de partida una cavilación critica, política, memorística y afectiva tanto de biografías como la autobiografía. Su obra se inscribe en la fotografía, escritura, instalación y video con el objetivo de indagar aproximaciones y discrepancias con la otredad. Su obra se ha exhibido de manera colectiva e individual en diversos espacios culturales tanto en Chile como en el extranjero.

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La fotografía es:

D.A: Sismos y fisuras que me apasionan y atormentan.

Mi trabajo fotográfico se caracteriza por:

D.A: Abordar desde una perspectiva crítica, disidente y memorística la noción de identidad. Mi praxis visual se define por abordar representaciones poéticas y desobedientes por medio del cuerpo. Asimismo, abordo y entretejo nociones de biografías y autobiografía, revisando sus implicancias políticas, sociales y culturales con mirada seropositiva, transfeminista y divergente, tanto en territorio chileno como latinoamericano.

Mis ideas creativas nacen:

D.A: Desde la herida personal y colectiva, a partir de allí se elaboran y desarrollan mis trabajos fotográficos, escrituras y videos. Con el objetivo de incomodar normas hetero y homosexuales y, a su vez, visibilizar y dignificar memorias y dolores. Al mismo tiempo indago en aproximaciones y discrepancias con la otredad. Al mismo tiempo mis motivaciones transitan por el deseo oblicuo de generar múltiples posibilidades artísticas que generen diálogos afectivos, críticos y políticos con las personas.

Espero que el público de mis obras pueda:

D.A: Adentrarse a este mundo visual y fisurado, en el cual puedan hallarse, encontrarse, mirarse asimismes a pesar de su dificultad. Hablar de tristeza sin victimizarse. De manera que la reflexión brote y la sensibilidad se expanda; también, que la política de la corporalidad, la acción de esta no se opaque a pesar de estos tiempos contemporáneos de hostigamiento, confusión y nefasto patriotismo. No pretendo sanar a nadie, tampoco busco hacerlo conmigo misme, sino más bien, brindar múltiples espacios de posibilidades, un lugar en donde se pueda abordar/vomitar/abortar todo aquello que punza a la corporalidad. También me interesa que la público pueda preguntar (se) y generar cruces y descruces colectivos para que la mente y los lugares se agiten. Espero resistencias, aunque cueste, en estos tiempos convulsos.

La educación fotográfica me parece:

D.A: Necesaria y urgente para agitar experiencias vivas y muertas. Creo en una educación fotográfica que dialogue, sismé y no decore. Que tenga mirada feminista, transfeminista y disidente, más aún en tiempos esquizofrénicos y agobiantes. Me parece que debe remover el interior y retorcer al poder, sobre todo a la mirada hegemónica. Me parece que la educación fotográfica debe ser un abanico extendido, expansivo, significante, intenso, serio, experimental, honesto en donde el orden y desorden conmuevan en su conjunto. Con mirada meditabunda, barroca. La educación fotográfica debe propagarse en escuelas públicas como malezas. Debe visibilizarse la educación visual en la mirada de la niñez. La educación fotográfica es política.

Recuerdo como una experiencia significativa cuando:

D.A: Viajaba en verano a casa de mi abuela en San Fernando. Allí podía adentrarme en sus infinitas cajas de zapatos llenas de álbumes antiguos y tantas fotos sueltas. Las imágenes que miraba de infancia, mostraban a mi abuela joven y feliz. Hoy la veo apenada, agotada. En sus cajas había tantas imágenes como recuerdos que me obsesionaban mucho y tenía la gran idea de poder tenerlas todas y hacer de ellas un gran libro. Miraba todo rápido, con algunas me quedaba horas observando. También recuerdo que estaba su cámara análoga; era de esas negras pequeñas muy de señoras que se agitan por capturar un momento familiar del día a día. En algún momento tome fotografías con esa cámara, surgieron imágenes bizarras en verdad, mi abuela las amaba. Pero el despreciable padre que tuve las destruyo cuando quemo uno de mis diarios en el patio de mi casa en Pudahuel. Conservo un par de imágenes que amo mucho en donde salgo con mi abuela celebrando mi cumpleaños periférico de infancia, con mi gorrito clásico triangular puntiagudo y de color, además de esa clásica jardinera de los años noventa. Amo ver esa imagen y verme con mi abuela. Siento que, en ese momento de vida, en una época sin dictadura, y, con una entre comilla democracia, fui feliz. Ahora, me miro y creo que, pensando en cumpleaños y fotografías, los disfruto un poquito más. Sigo de negro, sigo con mi abuela, sigo viendo y sintiendo su pena; pero cuando podemos nos reímos un poco entre tanto estrés, sin tiempos, entre tanta mierda que abunda hoy en los aires sociales, de este país sin memoria.

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